¡Abajo la agresión imperialista de EEUU contra Venezuela!
03 Enero 2026 | Sindicato de Estudiantes
A las dos de la madrugada de este 3 de enero, decenas de helicópteros y aviones estadounidenses invadían el territorio de Venezuela bombardeando aeropuertos e instalaciones defensivas venezolanas en Caracas y otras ciudades. Poco después, Donald Trump anunciaba el apresamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro y su mujer Cilia Flores, y su traslado a Nueva York para ser “juzgado”. Así se consumaba una criminal agresión imperialista no solo contra una nación soberana, también contra los pueblos oprimidos de América Latina y del mundo entero.
Una vez más la maquinaria de muerte y destrucción del imperialismo yanqui se ha puesto en marcha con un objetivo muy preciso: imponer su voluntad a sangre y fuego, enviar un mensaje de fuerza a enemigos y aliados, y establecer un régimen títere de extrema derecha en Caracas que le permita recuperar el control de las mayores reservas mundiales de petróleo y otras riquezas codiciadas por las multinacionales estadounidenses.
El discurso triunfal de Trump: como Hitler en los años treinta
Por si alguien tenía dudas, el propio Trump ha desvelado sus objetivos de manera cristalina en una rueda de prensa que pasará a la historia. Rodeado por el secretario de Estado, Marco Rubio, el ministro de la Guerra y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, el presidente norteamericano ha emulado al Hitler de los años treinta. No solo ha pronunciado un discurso nacionalista y supremacista, se ha dedicado a amenazar a todo el mundo afirmando que EEUU cuenta con el mayor ejército del planeta y está dispuesto a utilizarlo a discreción. No hay precedentes a un espectáculo así salvo en la época en que los fascistas y nazis ocupaban el poder en Italia y Alemania.
La hoja de ruta que ha trazado el presidente estadounidense es clara: “Vamos a controlar Venezuela hasta que haya una transición segura, adecuada y sensata; tiene que ser sensata, porque ese es nuestro objetivo”. En otro momento del discurso, ha sido explícito a la hora de remachar sus objetivos: “Estamos listos para organizar un segundo ataque mucho mayor, si es necesario”.
Una de las partes más sustanciosas de su intervención la ha dedicado al control imperialista de la industria petrolera de Venezuela: “Como todos saben, el negocio petrolero en Venezuela ha sido un fracaso, un fracaso total, durante mucho tiempo. Estaban extrayendo casi nada, en comparación con lo que podrían haber extraído y lo que podría haber sucedido. Nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, invertirán miles de millones de dólares para reparar la infraestructura petrolera, que está en muy mal estado, y comenzar a generar ingresos para el país”.
Y, por supuesto, no se ha olvidado de Hugo Chávez, cuyo mausoleo ha sido bombardeado con saña: “Construimos la industria petrolera venezolana con talento, iniciativa y habilidad estadounidenses, y el régimen socialista nos la robó durante esas administraciones anteriores, y lo hicieron por la fuerza. Esto constituyó uno de los mayores robos de propiedad estadounidense en la historia de nuestro país, considerado el mayor robo de propiedad en la historia de nuestro país. Nos arrebataron una infraestructura petrolera masiva como si estuviéramos indefensos. Y no hicimos nada al respecto. Yo sí habría hecho algo. Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras roben a nuestra gente y nos expulsen de nuestro propio hemisferio”.
La comparecencia de Trump manda un mensaje inequívoco: el imperialismo estadounidense está dispuesto a incendiar el planeta, a utilizar su fuerza militar para demostrar que no saldrá derrotado de la lucha interimperialista por la hegemonía
La colaboración de sectores del ejército venezolano y la actitud de China y Rusia
A falta de una información más completa que se conocerá durante las próximas horas y días, una cosa está clara: el imperialismo norteamericano y Trump han logrado el apoyo de un sector del alto mando del ejército venezolano para el éxito de una operación militar y de inteligencia de gran envergadura.
Un ataque de esta precisión no se improvisa y ha contado con muchos elementos a favor. Durante los últimos cuatro meses el imperialismo estadounidense ha podido actuar con total impunidad, henchido después de arrasar Gaza y presentar una farsa de paz junto a Netanyahu que legaliza el genocidio palestino. En este periodo ha hecho y deshecho en Oriente Medio a su antojo, y ha enviado señales muy claras de que estaba dispuesto a ir hasta el final en Venezuela. Las instituciones que en teoría velan por la paz se han postrado ante este reaccionario, como en los años treinta del siglo XX ocurrió con Hitler.
Trump empezó desplegando una flota de guerra de entre 15.000 y 25.000 efectivos militares en el Mar Caribe y se declaró amo y señor de las costas y el espacio aéreo venezolano con la colaboración de las grandes aerolíneas y los Gobiernos europeos y de otros países, que acataron obedientemente sus órdenes suspendiendo todos sus vuelos. Y la guinda se produjo hace apenas 15 días cuando el presidente estadounidense se permitió desviar un petrolero ruso y secuestrar y bloquear los llamados “petroleros sancionados”, barcos de gran tamaño que se encargan de transportar el petróleo venezolano a terceros países con destino final a su principal comprador: China.
Con esta imponente demostración de fuerza ha enviado un mensaje muy claro a la cúpula militar venezolana consiguiendo lo que buscaba: abrir una brecha en su interior y acabar con el cierre de filas que había sostenido a Maduro hasta ahora.
Pero lo que ha decidido a Trump y sus asesores para asestar este golpe decisivo es la actitud de Moscú y Beijín. Tanto el régimen de Putin como el de Xi Jinping han abandonado a su suerte al presidente de Venezuela y a su círculo más cercano que, en teoría, formaban entre sus aliados más firmes en el continente latinoamericano. La misma actitud lamentable que han tenido frente al genocidio en Gaza.
De aquí se extrae una lección profunda y dolorosa para la clase obrera mundial: China y Rusia no son ninguna alternativa para los oprimidos del mundo. Que no acumulen el mismo historial criminal que EEUU no altera su naturaleza capitalista e imperialista.
El gran juego imperialista por el reparto del mundo
El cerco del imperialismo norteamericano en Venezuela ha avanzado paralelamente a las negociaciones sobre Ucrania. Todo indica que los enviados de Trump en esas negociaciones han conseguido los parabienes de Moscú para su ofensiva sobre Caracas.
El golpe brutal que Trump ha descargado en Venezuela es una respuesta aplastante a esa izquierda que hace pivotar toda su estrategia antimperialista entorno al planteamiento falso y reaccionario de que el enemigo de nuestro enemigo es nuestro amigo, concediendo credenciales de “defensores de la soberanía de los pueblos” a Moscú y Beijing.
Bajo el imperialismo todas las cuestiones decisivas acaban resolviéndose finalmente por la fuerza, mediante la guerra. Esa es la ley que rige el reparto del botín entre los bandidos imperialistas. Y eso es lo que es Trump. Y tanto Xi Jinping como Putin son muy conscientes de que una resistencia seria a los planes de Trump pasaría por levantar un movimiento antiimperialista de masas en toda América Latina, que podría adquirir un carácter revolucionario. Pero ni Moscú, ni Beijin quieren una revolución socialista, ni luchan por ella en ningún sitio. La revolución amenazaría directamente los beneficios y alianzas que los grandes monopolios de sus respectivos países trazan con los Gobiernos capitalistas de Latinoamérica y del resto del mundo.
La contrarrevolución al servicio de Washington se frota las manos
Tras sacar a Maduro del país, el siguiente paso de Washington será muy probablemente forzar una especie de Gobierno de Transición, sin descartar la participación de mandos militares, que proponga un calendario para convocar elecciones en unos pocos meses. Paralelamente agitarán con movilizaciones organizadas por la extrema derecha dando las gracias a EEUU por la “liberación”, fabricando una imagen de “benefactores” del pueblo venezolano.
La marioneta venezolana de Trump, la ultraderechista María Corina Machado, bochornosa Premio Nobel de la Paz y que carga sobre sus espaldas con decenas de muertes por acciones terroristas y golpistas, ya ha anunciado su intención de volver a Venezuela, ser candidata y ocupar el palacio presidencial de Miraflores. Machado ha prometido que Maduro responderá por sus “atroces” crímenes y que Washington ha “cumplido la promesa de hacer valer la ley”. “Estamos preparados para tomar el poder”, ha escrito en sus redes sociales.
Probablemente, sectores decisivos del régimen y de la cúpula militar están negociando con Washington desde hace días. Y la realidad es que no tendrán reparo alguno en ofrecer sus servicios a un régimen títere de Trump.
Asistimos a un golpe contrarrevolucionario brutal, urdido por el imperialismo estadounidense con apoyo en las altas instancias del Estado. Y han golpeado cuando el apoyo popular a Maduro registraba su momento más crítico. Esta derrota no se detendrá en un simple cambio de Gobierno. Trump y sus peones venezolanos lanzarán una ofensiva sin cuartel para saquear los recursos petroleros de Venezuela y acabar con todo lo que huela a revolución y a izquierda. Antes o después habrá una reacción de las masas, pero a corto y medio plazo, los efectos de esta derrota serán innegables.
Venezuela fue el punto más avanzado de la oleada revolucionaria que sacudió América Latina durante la primera década del siglo XXI. Todos los intentos de golpe, magnicidio, intervención militar contra la revolución bolivariana fueron desactivadas por la movilización de las masas. Este desenlace es el resultado de años liquidando todas esas políticas antiimperialistas y revolucionarias, reprimiéndolas, persiguiendo e incluso encarcelando a los activistas de la izquierda anticapitalista y antiburocrática, fiándolo todo al apoyo de los imperialistas chinos y rusos, y a los pactos con la propia burguesía venezolana, incluidos los que organizaron golpes de estado, magnicidios y sabotajes para acabar con Chávez y el proceso revolucionario.
Y el efecto más nefasto de todo ello ha sido desmoralizar y desmovilizar a millones de jóvenes, trabajadores y campesinos, que ven con rabia e indignación la criminal intervención del imperialismo estadounidense, pero miran a los actuales dirigentes y no ven voluntad alguna de resistir, ni determinación en rectificar con políticas a su favor.
En este momento no es posible trazar una perspectiva cerrada, pero su hay una primera lección grabada a fuego para los comunistas, la izquierda combativa, y el movimiento de masas. Las políticas reformistas del mal menor, de pactar con sectores de la burguesía o con las potencias imperialistas rivales de EEUU solo pueden llevar al desastre. El único camino para hacer frente a al militarismo, a la guerra imperialista a la barbarie capitalista y a la reacción neofascista es levantar el programa de la revolución socialista y del internacionalismo proletario.
Tenemos la obligación de sacar todas las lecciones de este golpe contrarrevolucionario, de impulsar la solidaridad activa con el pueblo venezolano organizando movilizaciones lo más potentes posibles, de seguir denunciando a todos los cómplices de Trump y del imperialismo en esta agresión, empezando por la socialdemocracia y su actitud lacaya. Es el momento de redoblar todos los esfuerzos por construir organización y conciencia socialista.
¡Fuera Trump y fuera el imperialismo yanqui!
¡Solidaridad internacionalista con el pueblo de Venezuela!
¡Por la revolución socialista mundial!
CONCENTRACIONES EN CASTILLA Y LEÓN:
DOMINGO 4 DE ENERO
• LEÓN – 12:00 h -Plaza Botines
• VALLADOLID – 19:00 h - Plaza de la Libertad
• PALENCIA -19h -Estatua de la Mujer
• BURGOS - 19h - Plaza del Cid
• ÁVILA - 19h - Plaza del Mercado Chico
• SALAMANCA: 20h Plaza de los bandos